Llevas semanas trabajando en una canción.
La escuchas en tu estudio y suena brutal. Te emocionas.
La exportas, la pones en el coche... y se desmorona.
Los graves son una bola de barro, las voces están enterradas y le falta esa "pegada" profesional.
Vuelves al estudio, mueves faders al azar, pruebas 5 ecualizadores diferentes, ves 3 tutoriales en YouTube... y al final, la mezcla suena peor que al principio.
Estás atrapado en el bucle infinito de la mezcla porque estás mezclando a ciegas.